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Sin indulgencias en el cielo.

POR ANOLAN PONCE.

Diario Las Americas. Miércoles 30 de enero de 2013.
www.marporcuba.org

Anolan-Diario-LAmericas“En una democracia, el pueblo tiene el gobierno que merece”. 

La frase es generalmente atribuida a Alexis de Tocqueville, un pensador político e historiador francés del siglo XIX. Y aunque no está confirmado que fuese de su autoría, lo importante es el mensaje que conlleva: los ciudadanos son los responsables de los buenos o malos gobernantes que escogen.

Los cubanos somos un buen ejemplo. Con la consigna, “cualquiera menos Batista”, llevamos a Fidel Castro al poder en una euforia colectiva que abarcó a todas las clases sociales. Venezuela es otro ejemplo. Los venezolanos acaban de reelegir a Hugo Chávez presidente a pesar del alto nivel de pobreza, mayor hoy que hace 13 años cuando llegó al poder.

Los españoles también saltan a la palestra. En el año 2004 eligieron a José Luis Rodríguez Zapatero para liderarlos. Ocho años de socialismo, unido a la crisis financiera mundial, han sumido a España en un caos económico con un alarmante desempleo que sobrepasa el 25 por ciento, el más alto de los países que usan el euro.

Este pasado noviembre, 50.4% del electorado norteamericano, poco más de la mitad, votó por reelegir a Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos. Estos votantes no valoraron los problemas crónicos de los últimos cuatro años, tales como la disminución del altísimo desempleo, la revitalización de una anémica economía, y el urgente recorte al enorme gasto público. Tampoco la imposición de un plan de salud rechazado por más del 62% de la ciudadanía cuyo costo afectará a todos por igual repercutiendo negativamente en la economía.

Pero si estos problemas no son motivo de consternación para la mitad del electorado, sí lo son para la Oficina de Auditoría Gubernamental, GAO por sus siglas en inglés, la entidad no partidista que funciona como rama investigadora del Congreso para analizar como el gobierno gasta el dinero de los contribuyentes. En su último reporte que cubre el período 2011-2012 publicado solo días antes de la inauguración presidencial, el GAO concluye que, “a menos que hayan cambios en la política actual, el Gobierno Federal encara una trayectoria fiscal insostenible.” En otras palabras, vamos camino de la bancarrota.

Al Presidente, quien tiene una visión liberal del gasto público y el papel del Estado, parece no preocuparle. En su discurso inaugural mencionó la economía y la deuda fiscal solo brevemente, enfocándose en las causas liberales y la “justicia social”, un ideal muy noble que estriba en la redistribución de la prosperidad, algo irrealizable porque el gobierno no puede mantener a toda la ciudadanía.

No olvidemos que el rápido ascenso económico de esta gran nación se debió a la ética protestante del trabajo, la noción Calvinista arraigada en los primeros colonizadores de que el trabajo diligente es signo de gracia, y una vida de trabajo duro y frugalidad es bueno porque nos permite la acumulación de riqueza que nos gana indulgencias en el cielo como muestra de nuestra diligencia en la tierra.

Pero la actitud paternal del gobierno parece estar apartando a los ciudadanos de este principio y dando lugar a nuevos valores que a la larga crearán más dependencia en el Estado. 

Recientemente, un empleado de Wal-Mart de 28 años, inmigrante, divorciado y padre de cuatro, protestaba el horario de trabajo durante las pasadas fiestas del Día de Acción de Gracias y manifestó a una estación de radio: “Las fiestas son para disfrutar con la familia, hay 365 días al año para hacer ventas. ¡Es todo por el dinero!

Mi padre no pensaba igual. En 1962, acabado de llegar de la prisión en Cuba, consiguió empleo en un central azucarero en Belle Glade, a 83 millas de Miami, reparando las maquinarias. A diario, seis días a la semana, lo recogían a las 4 de la madrugada para hacer el viaje de hora y media, y después de 12 horas de trabajo regresar a la casa a las 9 de la noche. El disfrute con la familia no era prioridad en aquellos momentos; lo era nuestro sustento, ahorrar para comprar una casa y darnos a mi hermano y a mí una educación universitaria.

Esta nación no puede existir mientras que una mitad de la ciudadanía trabaja para sostener a la otra que depende del subsidio fiscal. Una economía robusta es clave para crear abundancia de empleos y el mejor antídoto a la pobreza. Es, además, lo que más nos acerca a una verdadera “justicia social”, ya que con igual acceso de todos a la oportunidad económica, el éxito dependerá del esfuerzo individual de cada uno.

El Gobierno Federal gastó 1.1 trillones de dólares más de lo que recaudó el pasado año. A pesar de ello, el Presidente se ha negado a recortar los subsidios ciudadanos y a modificar dos enormes componentes del presupuesto federal, el Medicare y el Seguro Social. Nuestra deuda nacional alcanza ya la astronómica suma de 17 trillones de dólares. 

A este paso el dólar se desplomará y con ello el valor de la riqueza producida por nosotros tras años de ardua labor. Nos iremos de este mundo con los bolsillos vacíos y llegaremos al cielo sin indulgencias a nuestro favor.

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